AFF 2019: "Hellhole" 71 fragmentos de una ciudad desalmada

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

AFF 2019: "Hellhole" 71 fragmentos de una ciudad desalmada

Aclamada en el reciente Festival de Berlín, estrenamos esta gran sinfonía disonante sobre la Europa de hoy protagonizada por Alba Rohrwacher ("La amiga estupenda"). Planos inolvidables, personajes problemáticas. "Hellhole" es sin duda uno de los grandes acontecimientos que nos depara esta 9a edición del Atlàntida Film Fest Fest. Obra difícil, obra maestra. La nueva película de Bas Devos nos dibuja el retrato de una ciudad herida a través de imágenes enigmáticas y formalmente depuradas, una disección clínica y precisa en cuyo centro se encuentran Bruselas y las historias inquietantes de las almas perdidas que la habitan. Pura poesía hanekiana, o lo que sería el sci-fi si el director austríaco lo hubiese transitado. 

¿De qué va?

Los espíritus de la política acechan el centro de una Unión Europea cada vez más frágil. En medio de la guerra y la paz, los campos de refugiados y los debates parlamentarios, un grupo de almas perdidas deriva a través de la agudeza y la confusión de la vida en esa capital de Europa que es Bruselas.

¿Quién está detrás?

Cinco años después de ese debut mayor que supuso la extraordinaria "Violet", el realizador belga Bas Devos vuelve a la carga con su segunda película. El suyo fue para quienes hacemos Filmin uno de los debuts europeos más relevantes de los últimos tiempos. De hecho, si Gus Van Sant en su "Paranoid Park" filmaba ese reverso personal de los jóvenes skaters que tanto gustan a Larry Clark, en "Violet", el belga Bas Devos rompía el cascarón con una obra tan reminiscente de Van Sant como del "Play" de Ruben Östlund. Una portentosa ópera prima plasmada a través de un sublime ejercicio de cámara que mostraba una versión mucho más intimista y oscura que su contrapunto americano. 

¿Quién sale?

Entre las almas en pena que transitan "Hellhole" encontramos los muy reconocibles rostros de la italiana Alba Rohrwacher ("Lazzaro Feliz", "La amiga estupenda") o la belga Lubna Azabal ("Incendies"). También los de Willy Thomas o el joven debutante Hamza Belarbi. Cuerpos inexpresivos, voces en la mayoría de los casos distantes, al servicio de un retrato social y colectivo cercano a lo deshumanizado.

¿Qué es?

"71 fragmentos de una cronología al azar" al servicio de un desalmado retrato de Bruselas. "Hellhole" es lo que bien podría ser la lóbrega respuesta poética a los atentados terroristas acontecidos en los últimos tiempos en nuestro lustroso continente europeo, donde en las mayoría de los casos se ha señalado a la capital belga como el germen del que nace el odio que invade a los perpetradores.

¿Qué ofrece?

"La violencia es algo que antes solo la sentía a través de la televisión y en forma de píxeles. Ahora, sin embargo, la siento directamente y me toca a diario". Es la significativa frase que espeta el personaje interpretado por Alba Rohrwacher, una corresponsal italiana responsable de cubrir el día a día del parlamento europeo. Y es, también, la frase que resume a la perfección aquello que Bas Devos traduce en imágenes, aquello que retrata y enmarca a través de un clínico y depurado trabajo de cámara. 

"Hellhole" bien podría ser la prueba definitiva, la incuestionable radiografía, que nos confirma lo que ya intuíamos. La sociedad del bienestar ha pasado a peor vida para metamorfosearse en la sociedad de la pesadumbre y el hastío. De hecho, la obra que conforma y ensambla, haciendo de la cámara todo un bisturí, es el mosaico de la desazón, un lúgubre y destilado cuadro caleidoscopio en el que observa de manera distanciada a personajes de diversa procedencia y carácter. La forma en que la cámara los filma da una sensación de ojo vigilante, omnipresente y amenazante, algo así como el "Hermano Mayor" de la icónica novela "1984" de George Orwell, con la pequeña diferencia de que, en este caso, ni condena ni juzga. La frialdad y distancia con que Devos observa a sus personajes no impide, sin embargo, que nos involucremos en el transcurrir y devenir de cada uno de ellos. Una observación minuciosa y concisa que lleva a reafirmarle en su estilo, también marcado y distinguido por el acentuado empleo de una cámara que toma distancia, que prolonga planos secuencia articulados sobre sutiles movimientos y un trabajo de fotografía en el que la iluminación, los reflejos y las sobreimpresiones provocan que cada plano y secuencia cobren vida propia. O al contrario de lo que ocurre con los protagonistas que los transitan y protagonizan, la pierdan, creando así una asfixiante y perturbadora atmósfera donde el sobrecogedor silencio que se impone se erige como su principal amenaza. En definitiva, un cine que sugiere más de lo que muestra, que bien nos traslada a lo que podría ser una película de ciencia ficción dirigida por Michael Haneke. Para cortarse las venas, sí, pero ante todo, para rendirse ante una obra prácticamente maestra.



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