Crónica Cannes 2019: "The Dead Don't Die" el día de los muertos vivientes

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Crónica Cannes 2019: "The Dead Don't Die" el día de los muertos vivientes

Desde luego que la elección apenas admite discusión. La 72 edición del Festival inaugura con la secuela espiritual de la extraordinaria  "Solo los amantes sobreviven", ese particular "Crepúsculo" de Jim Jarmusch protagonizado por unos atípicos vampiros arty que no muerden, y no porque no quieran o ya no lo necesiten, si no por qué no pueden. Vampiros que viven en un mundo habitado por humanos de sangre podrida que han llevado al mundo al más absoluto apocalipsis social pero ante todo, cultural. Un juego de vaciado, abstracción y cinismo minimalista que hacían de ella una comedia hechizantemente melancólica. Así fue en el caso de su predecesora, así esperábamos que fuera también en el caso "The Dead Don't Die". A ella.

¿De qué va?

En la pequeña localidad de Centerville, los muertos vuelven a la vida y un variopinto grupo de personajes se ven obligados a hacerles frente. 

¿Quién está detrás?

Cámara de Oro en 1984 por "Stranger than Paradise", Palma de Oro al Mejor Cortometraje en 1993 por "Coffee and Cigarettes" y Gran Premio del Jurado en 2005 por "Flores Rotas", más allá de ser hijo pródigo del Festival de Cannes, Jim Jarmusch es, con todas las de ley, uno de los máximos exponentes del cine underground contemporáneo, icono insobornable de aquello que deberíamos considerar intrínsicamente indie. Marcado por el cine rebelde de Nicholas Ray, su estilo personal ha marcado gran parte de la historia del cine actual, aquel que por ejemplo, emula asíduamente su afán por contar pequeños microrelatos dentro de grandes historias. Es una de sus múltiples patentes y uno de sus grandes rasgos, como lo es también ese telón de fondo marcado por la estética decadente y experimental que tiene en el retrato ácido y emotivo de la figura del perdedor marginal como principal nexo en común. Y en este sentido, los zombies de "The Don't don't Die" son una nueva y particularísima prueba de ello.

¿Quién sale?

La horda de Jim Jarmusch viene comandada por sus fieles Bill Murray y Adam Driver y Tilda Swinton, a quienes esta vez se les unen Selena Gomez, Steve Buscemi,  Chloë Sevigny, Danny Glover, Rosie Pérez, Caleb Laundry Jones, Iggy PopTom Waits, su pareja en la vida real, Sara Driver RZA, líder del Wu-Tang Clan y autor de la banda sonora original de "Ghost Dog" (1999).

¿Qué es?

La secuela espiritual de  "Solo los amantes sobreviven" con claros ecos de "La noche de los muertos vivientes". Y es que bien sabe Jarmusch que no se puede hablar de zombies sin nombrar a la película que le dio las reglas y la popularidad al género. George A. Romero nos introdujo al mundo de los muertos vivientes en una película que hará sonrojarse a los amantes de los efectos especiales actuales, pero que más allá de su calidad técnica esconde momentos verdaderamente inquietantes, pero también desternillantes. Y es precisamente en esta cara B en la que incide "The Dead Don't Die".

¿Qué ofrece?

Desde John Carpenter a George A. Romero, el empleo del cine de género como vehículo de denuncia social es una las virtudes y principales características que ha categorizado a los grandes nombres del cine de terror y, bien sabemos, que el cine de zombies es uno de los subgéneros que de forma más eficaz y popular han cumplido con esta función. Y claro, un tipo como Jim Jarmusch, que ha transitado tanto el western ("Dead Man"), como el cine de samuráis ("Ghost Dog") o directamente el fantástico y de vampiros ("Solo los amantes sobreviven"), no podía elegir un registro más pertinente y acertado para enarbolar su particularísima crítica a la que hoy día está cayendo en Estados Unidos. 

"The Dead don't Die" es una comedia de terror, es también un survival, una buddy movie y ante todo, una película política de zombies cargada de destilado e inspirado cinismo. Una obra entretenida y sugerente a todos los niveles que no apunta tanto a Trump (aunque también lo hace) como a sus votantes y fieles. Son muertos que no mueren en un mundo mortal e invisible. Un mundo cuyo apocalipsis viene provocado, atentos, por el fracking. Un mundo en el que es tan posible ver una horda de zombies obsesionados por conectarse al WI-Fi como que "Star Wars" sea señalado como una excelente ficción cuando bien nos atisba que la realidad definitivamente la ha superado. De hecho, lo que "The Dead Don't Die" ante todo viene a decirnos es que el verdadero enemigo no está fuera, si no en casa, siendo varios y diversos los lugares comunes que transita y que bien ejemplifican el ideario trumpista. Seguro que no por casualidad, es un remoto pueblo ficticio en lo más profundo de Estados Unidos llamado Centerville donde se da este despertar de los muertos que no mueren, un pueblo donde con desprecio se señala a la gente de ciudad como urbanitas y hipsters.  Dicho de otra forma, la America profunda y estancada atentando contra la America universal y evolucionada que bien podría funcionar como un paralelismo directo a los disturbios ocasionados por los supremacistas racistas en Charlottesville. Volvía el Ku Kux Klan cuando parecía ya enterrado y muerto. También parece premeditado que el único ser que demuestra ser capaz de afrontar y superar el ataque no parezca pertenecer a este mundo, o que el personaje encarnado por Steve Buscemi lleve una gorra con el lema "Make America White Again" y su única meta ante el ataque no sea otra que defender su propiedad privada. 

No es el caso del propio Jarmusch, quien hace frente a esta distopía bañada en realismo promoviendo el empoderamiento femenino, señalando los mexicanos como "his favourite people", empleando inspiradas (e inesperadas) fugas metacinematográficas que le pillan a uno con el pie completamente cambiado o, por supuesto, utilizando el humor deadpan, el recurso de la repetición, y como no, un marcado componente musical como principal vehículo. En efecto, como el propio tema de Strugill Simpson recitaba: "The Dead Don't Die". Difícilmente la veremos brillar con luz propia en el palmarés final, de hecho, probablemente sea la película menos compleja y más aparentemente simple de cuantas copan la obra del responsable de "Los límites del control". Sin embargo, "The Dead don't Die" es absolutamente fiel y consecuente con el subgénero en el que se enmarca. Y es que no todos los genios se deben forzar siempre a lograr obras maestras desde la máxima ambición. Sí en cambio a no dar nunca un paso en falso respecto al objetivo que se han marcado con su nueva creación. El divertimento, desde luego, está asegurado. Y encima muerde.




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